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¿Por qué es tan importante el ejercicio físico?

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No es gratuito que se diga que las personas que son físicamente activas en su día a día (por su trabajo, su ejercicio físico o sus actividades recreativas) tengan menos índices de mortalidad y morbilidad. Esto se sabe desde la época de la antigua Grecia y Roma. Y es que el sedentarismo está ampliamente asociado con enfermedades crónicas y la muerte temprana

El sedentarismo junto con la mala alimentación, son unos de los principales factores desencadenantes de las enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Una problemática que ha llegado a tener el alcance de una pandemia. La diabetes tipo 2, la obesidad, la hipertensión, los infartos, entre otras enfermedades modernas, golpean cada vez más a la población mundial.

 

La inactividad física activa vías metabólicas que promueven la inflamación y afectan el equilibrio (homeostasis) del cuerpo. 

 

¿Qué pasa cuando hacemos ejercicio?

El ejercicio físico tiene efectos sobre todo nuestro organismo:

  • En el tejido adiposo (la grasa) se disminuye la inflamación, se reduce la grasa y aumenta a la sensibilidad a la insulina.
  • A nivel muscular, hay mayor utilización de glucosa, mayor oxidación de ácidos grasos y aumento en la sensibilidad de insulina.
  • En el hígado, disminuye la acumulacion de triglicéridos y la producción de glucosa mientras que aumenta la sensibilidad a la insulina.
  • A nivel arterial disminuye la presión sanguínea, la concentración de triglicéridos y ácidos grasos libres.
  • En el páncreas se aumenta la masa de las células beta, aquellas que se encargan de producir insulina.

 

Ya puedes ver que uno de los efectos constantes que tiene el ejercicio es su capacidad de aumentar la sensibilidad a la insulina. Se promueve la correcta recepción de glucosa en las células y por ende, se promueve el equilibrio en los niveles de azúcar en la sangre.

 

1. Se aumenta la sensibilidad a la insulina

La contracción en los músculos que se experimenta en el entrenamiento físico, activa el transporte de glucosa a través de vías independientes a la insulina. A medida que el efecto del ejercicio en el transporte de glucosa va desapareciendo, aparece un aumento en la sensibilidad a la insulina.

La insulina es la hormona que, entre otras cosas, se comporta como la llave que deja entrar la glucosa en la células para poder ser utilizada como energía.

Cuando hay un aumento en la sensibilidad en la insulina, significa que se necesita menos concentración de insulina para que se genere su máxima respuesta en el transporte de la glucosa. Esto es, que ésta pueda entrar a las células.

Recordemos que la resistencia  la insulina es la piedra angular de la mayoría de los desórdenes metabólicos. La actividad física te lleva en dirección contraria a esto ¿O por qué crees que es una de las primeras estrategias que se adoptan en el tratamiento de la diabetes tipo 2?

El ejercicio físico potencia la acción de la insulina porque durante él, hay transporte de glucosa de forma independiente de ella a través de la enzima AMPK (proteína quinasa activada por monofosfato de adenosina). 

La enzima AMPK, es una de las responsables del transporte de glucosa por vías independientes a la insulina. Se activa en el músculo esquelético durante el ejercicio y queda activada aún después de terminarlo. Esta enzima, además del transporte de glucosa, promueve la síntesis de lípidos y proteínas y el metabolismo de los nutrientes.

 

Sensibilidad a la insulina = Salud metabólica

La actividad física tiene un profundo efecto a nivel metabólico. Ante el ejercicio, la secreción de ciertas hormonas ayudan a mantener la disponibilidad de la energía. 

De hecho se ha comprobado cómo el ejercicio causa beneficios de dosis-respuesta. Esta relación básicamente explica los eventos que ocurren después de la exposición a algo (en este caso, el ejercicio).

En un estudio realizado en Georgia, US., se buscaba probar los efectos del entrenamiento aeróbico en la resistencia a la insulina, la obesidad y la grasa visceral en niños con sobrepeso y obesidad (222 niños exactamente). Además, querían ver si había algún cambio dependiendo del género o la raza. A los niños que participaron se les asignó aleatoriamente sesiones de ejercicio aeróbico de 20 o 40 minutos 5 días a la semana a lo largo de 13 semanas. Al finalizar el período de 13 semanas, los resultados obtenidos fueron independientes del sexo o la raza. Hubo disminución en la grasa visceral y corporal y en la resistencia a la insulina. En particular, la resistencia a la insulina disminuyó más en el grupo de niños que tuvieron sesiones de ejercicio más extensas (40 minutos).

Ahora, si son tan solo una sesión de ejercicio frecuente, ocurren tantos procesos a nivel metabólico, imagina cómo se transforma la salud cuando el ejercicio físico es un hábito presente a lo largo de la vida.

 

Incluso se mejora la presión sanguínea y el hígado graso

La actividad física también ha mostrado ser un método efectivo para regular la presión sanguínea. En otras palabras, las personas que sufren de hipertensión se ven muy beneficiadas de él ya que el ejercicio ayuda a oxigenar todos los tejidos.

Particularmente, cuando se ha tratado de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, tanto aeróbico como de resistencia, pueden ser efectivos mitigando la acumulación de grasa en el hígado. Sin embargo, cuando además del hígado la salud cardiorrespiratoria no es muy buena, el ejercicio de resistencia es más viable. Durante el ejercicio físico se estimula la producción de glucosa en el hígado.

Cabe resaltar que las causas subyacentes de todas estas enfermedades son las que primero se deben abordar, la resistencia a la insulina a veces está implicada en muchas de ellas.

 

2. Se tienen efectos antioxidantes

La relación entre el estrés oxidativo y el ejercicio es muy compleja ya que depende del tipo de ejercicio, la intensidad y la duración del mismo. Sin embargo, después del entrenamiento se ha visto como los indicadores antioxidantes aumentan, mientras que los pro-oxidantes disminuyen.

La actividad física también aumenta las respuestas adaptativas físicas del cuerpo ante situaciones estresantes. Especialmente, nivel de actividad física influye de forma positiva en la respuesta de la variabilidad de la frecuencia cardíaca. En otras palabras, hace que el sistema cardiovascular tenga mejores respuestas ante situaciones de estrés psicológico.

 

3. Se beneficia nuestra mente

Durante el ejercicio físico, se estimula la circulación sanguínea cerebral, se activan neurotransmisores que están relacionados con la cognición, el bienestar y el placer como la dopamina, la serotonina, la noradrenalina y el glutamato. Además, se activan procesos de reparación neuronal, defensas antiinflamatorias y se crean nuevas conexiones neuronales. Es por ello que se obtienen tantos beneficios a nivel cognitivo y emocional, además de sus efectos neuroprotectores frente a ciertas enfermedades neuromusculares y mentales.

¿Has sentido cómo después de entrenar te sientes más feliz y tranquilo? Ante estados de ansiedad y depresión la actividad física siempre ha mostrado ser una herramienta efectiva.

 

Así que la necesidad de hacer ejercicio físico no se trata solo de mantener el balance entre la ingesta y el gasto de calorías. Sino de mantener la salud y el equilibrio de todos nuestros sistemas.

¿Qué esperas para volver la actividad física un hábito en tu vida?

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