¿Por qué se produce la ansiedad?

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es más que una emoción o un estado de ánimo. Se puede manifestar de muchas formas y por múltiples razones en cada persona. Es por eso que la ansiedad se siente en tu mente, pero también en tu cuerpo.

La ansiedad involucra tanto nuestra psicología como nuestra fisiología. Esto es, nuestras emociones tienen repercusiones directas en lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo. Pero también, lo que ocurre en nuestro cuerpo, repercute en lo que sentimos y nuestras emociones.

La ansiedad desde el punto de vista psicológico, es un estado que puede significar cosas distintas para cada persona: estrés, pensamientos negativos, tener miedo a hacer algo o al futuro, preocupación por algo del pasado o vivencias traumáticas. Pero también, puede significar alteraciones en la fisiología como deficiencias nutricionales, desbalances hormonales o en el ambiente intestinal. Puede incluso llegar a ser algo tan crónico que pueden aparecer ataques de pánico. 

 

¿Cómo se que lo que siento es ansiedad?

Debido a que la ansiedad tiene componentes psicológicos y fisiológicos, se puede sentir de muchas formas. Los sentimientos o experiencias que acompañan la ansiedad pueden ser de preocupación, tristeza, miedo, angustia, inseguridad, sensación de peligro, incertidumbre, sospecha…

Suelen haber pequeños movimientos corporales constantes y pensamientos repetitivos, irritabilidad y una gran dificultad para concentrarse. Al mismo tiempo, se puede experimentar un aumento en la frecuencia cardíaca, sudoración, falta de aire, presión en el pecho, sensación de vacío en el estómago, tensión muscular, ganas de ir al baño, inflamación intestinal, gases, entre otros síntomas. 

También vemos que ante un momento de ansiedad, hay personas que muerden sus uñas, tienen alteraciones en su ciclo de sueño, llegan a tener ataques de pánico y a experimentar algo que se ha vuelto increíblemente común actualmente: tener antojos obsesivos y compulsivos por comidas en particular (casi siempre dulce).

 

¿Cuáles son las causas de la ansiedad?

 

1. La salud de tu intestino

Cada vez hay más evidencia científica que prueba la estrecha relación que tienen el intestino y el cerebro. Esta conexión se conoce como ‘Eje Intestino-Cerebro’ donde básicamente, lo que pasa en el intestino tiene una gran repercusión en lo que sucede en el cerebro. 

De esta forma, si hay inflamación intestinal causada por parásitos, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, sobrecrecimiento de hongos, disbiosis, u otra forma de desequilibrio, se genera una respuesta inflamatoria en el cerebro y esto puede generar entre otras cosas, ansiedad.

¿Cómo se conecta el intestino con el cerebro?

El intestino y en particular la microbiota intestinal, se conectan al menos por cinco rutas con el cerebro: 

  • La red neuronal intestino-cerebro
  • El eje neuroendocrino-hipotalámico-pituitario-suprarrenal
  • El sistema inmunológico intestinal
  • Algunos neurotransmisores y reguladores neurales sintetizados por bacterias intestinales 
  • Vías de barrera intestinales (mucosas y hematoencefálica).

Lo interesante y a la vez alarmante, es que los profesionales de la salud poco saben de esta conexión mente-cerebro a pesar de que la literatura científica respalda esta conexión y ha estado disponible hace varias décadas. Y esto se hace evidente cuando vemos el tratamiento y abordaje que se le suele dar a la ansiedad desde la psicología o la psiquiatría, ya que la terapia y los medicamentos dejan a un lado lo que puede estar sucediendo más adentro. Aunque la terapia es una gran ayuda, la salud intestinal puede ser la ficha clave que se pasa por alto. 

 

Hay neurotransmisores que se producen en el intestino…

La producción de neurotransmisores que están implicados en la actividad cerebral y nuestro estado de ánimo que sucede en el intestino, es otra razón por la que este juega un rol tan importante en nuestra salud mental y emocional. 

 

¿Sabías que en personas que sufren de depresión y ansiedad los problemas intestinales son un común denominador?

 

El intestino es el lugar donde se producen más neurotransmisores de los que te imaginas.

La serotonina por ejemplo, es un neurotransmisor que se produce tanto en el intestino como en el cerebro, pero en el intestino, hay 400 veces más cantidad que en el cerebro. 

¡400 veces más!

Este neurotransmisor entre otras cosas, juega un gran papel en nuestro humor, sentimiento de felicidad y ansiedad. De hecho, cuando sanas el intestino de una persona, su energía y estado de ánimo cambia por completo. Un intestino sano se traduce en felicidad. Literalmente. 

El ambiente intestinal es crucial en la salud cerebral y por eso es incluso considerado como nuestro segundo cerebro.

¿Sabías que además el estrés puede causar desbalances en tu ambiente intestinal? Así que esto sencillamente puede convertirse en un círculo vicioso. Puedes leer más acerca de esto en este artículo: Permeabilidad Intestinal: síntomas y posibles causas.

 

2. Disfunción en nuestro Sistema de Respuesta al Estrés

Cuando hablamos de nuestro Sistema de Respuesta al estrés nos referimos al Eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal y las glándulas Suprarrenales (HHA). Esto puede sonar como algo extraño pero para simplificarlo, se trata básicamente del sistema que en nuestro cuerpo recibe y responde frente a las situaciones de peligro y estrés.

Este sistema está conformado por una región de nuestro cerebro llamada el hipotálamo, la hipófisis o glándula pituitaria situada en la base del cráneo y la glándula adrenal o suprarrenal situada encima de los riñones.

 

¿Qué hace el eje HHA?

Es el encargado de controlar nuestra respuesta al estrés y por tanto, el responsable de que ante una situación de peligro huyamos, luchemos o incluso nos parelicemos. Esta es la forma en la que nuestro organismo y nuestro cerebro evolucionó, protegiéndonos de peligros físicos como animales salvajes y eventos de la naturaleza. Todo para garantizar nuestra supervivencia.

Sin embargo, en el mundo moderno, no nos enfrentamos a este tipo de peligros que precisamente ponen en riesgo nuestra vida. De hecho, nos enfrentamos a ‘peligros’ bastante distintos que incluso, no son precisamente peligros inminentes sino fuentes de estrés.

 

¿Cuáles son los peligros que enfrenta el ser humano moderno?

Hoy en día los estresores son los proyectos personales, el trabajo, el tráfico, los quehaceres del hogar, llegar a tiempo, el dinero, las deudas, el futuro, las opiniones de los demás, nuestra apariencia, las relaciones interpersonales, nuestros miedos, inseguridades y pensamientos… la lista es interminable.

Aunque estos no son precisamente peligros que pongan en riesgo la vida, nuestro organismo los interpreta de esa forma.

El estrés, genera en nuestro cuerpo las mismas respuestas que generan los peligros que atenten contra nuestra supervivencia.  Y ya que estos estresores suelen estar presentes cada día de nuestras vidas, nuestro organismo se mantiene estresado y en estado de supervivencia.

Ahora suma todo lo anterior, con las toxinas del ambiente a las que estamos expuestos todo el tiempo y una forma de alimentación que más que promover salud, la sabotea. Es un estilo de vida que promueve la inflamación.

Todas estos factores, también son fuentes de estrés con las que tu cuerpo lidia cada día.

Parece un escenario insostenible ¿No crees?

Puedes estar sintiéndote identificado y pensar ‘Pero yo me siento bien, me siento saludable, no siento estrés’. Bueno, tal vez aún no lo has identificado y tu sistema de respuesta al estrés está activado 24/7

¡Estás en estado de supervivencia y la ansiedad puede ser una prueba de ello!

¿Y qué sucede cuando hay una activación crónica del eje HHA?

Una activación crónica de nuestro sistema de respuesta al estrés puede causar una disfunción en el eje HHA y generar mucha ansiedad

Míralo desde esta perspectiva: evolutivamente pasamos de responder a eventuales estresores agudos (aquellos en verdad ponían en riesgo nuestra vida o integridad física), a responder a continuos estresores de bajo nivel (estrés mental y emocional) con los que nuestra biología, nuestros genes y nuestro sistema de respuesta al estrés, no evolucionaron.

Así, como nuestro organismo no está diseñado para estar sometido a tantas fuentes de estrés al mismo tiempo y de forma constante, puede alterarse la producción de hormonas del estrés como el cortisol, la DHEA y la pregnenolona. Seguidamente, se puede ocasionar alteraciones en la producción de otras hormonas como la progesterona y neurotransmisores. Este es un escenario que propicia la ansiedad.

 

Otros factores que pueden causar una disfunción en tu sistema de respuesta al estrés

  • Inflamación
  • Problemas con el azúcar
  • Alteraciones en tu ritmo circadiano (básicamente tus horarios de comidas, sueño y exposición a la luz)

 

3. Deficiencias nutricionales

Hay nutrientes que tienen un rol definitivo en la actividad cerebral y la salud mental. Es por eso que si existe algún tipo de deficiencia en estos nutrientes, tu salud mental puede reflejarla.

Algunos de estos nutrientes son la vitamina B12, vitamina D, vitamina B2 (riboflavina), vitamina B6, colina, ácido fólico (o folato), zinc, hierro, y los ácidos grasos esenciales EPA y DHA.

¿Sabías que estos nutrientes suelen ser deficientes en personas vegetarianas y veganas? Lo que sucede es que los alimentos más ricos en estos nutrientes claves son de origen animal como el huevo, la carne, los órganos, el pescado y los mariscos.

Estos nutrientes por otro lado, son claves en un proceso que está estrechamente relacionado con la producción de neurotransmisores llamado Metilación. 

¿Qué es la Metilación?

La metilación es un proceso metabólico vital que ocurre en cada célula de nuestro cuerpo. Este proceso, puede afectar cada uno de los tejidos y órganos en nuestro cuerpo ya que se da en los procesos más fundamentales.

La metilación ocurre billones de veces en nuestro cuerpo, cada segundo. Esto puede darte una idea de su importancia y cómo una alteración de este proceso, puede afectar a muchos sistemas y por tanto, manifestarse de múltiples maneras.

¿Qué hace la Metilación?

Este proceso participa en la reparación del ADN diariamente, influencia la producción de ATP (la energía de las células), es necesario para la producción de glutatión (un antioxidante que el mismo cuerpo produce) y por tanto para la desintoxicación del organismo, contrarresta el estrés oxidativo, controla los niveles de homocisteína (un aminoácido que en exceso puede dañar los vasos sanguíneos), controla la expresión de los genes, regula el estado de ánimo… y aquí podríamos pasar un buen rato enumerando los procesos en los que la metilación tiene injerencia. Así que iremos más a fondo en la metilación en otro artículo. 

El punto aquí es que la metilación está implicada en muchos procesos dentro de los cuales se destacan los cerebrales.

El cerebro y la producción de neurotransmisores se ven bastante afectados cuando el proceso de metilación no está bien. De hecho, las típicas manifestaciones de las alteraciones en el proceso de metilación son los problemas cognitivos y/o de comportamiento como el autismo, TDAH, la depresión, la ansiedad e incluso el Alzheimer.

 

¿Qué puede afectar el proceso de Metilación?

Hay varios factores que pueden estar afectando el proceso de metilación como el tabaquismo, la mala absorción de nutrientes, el estrés, baja acidez estomacal y factores genéticos. Pero una de las principales es la deficiencia de los nutrientes esenciales para que este proceso se lleve a cabo. Se trata de las vitaminas del grupo B (B2, B6, B12), el folato, la colina y el zinc. Esto es frecuente como lo mencionamos, en personas veganas y vegetarianas. Por eso es de gran importancia, si se sigue este tipo de alimentación, tener conocimiento sobre cómo optimizar el aporte nutricional que le estamos dando a nuestro organismo ya que estos nutrientes, son abundantes en alimentos animales. 

Cabe resaltar que también puede aparecer una deficiencia en estos nutrientes con una dieta rica en azúcares y alimentos procesados y pobre en alimentos naturales, proteínas de origen natural, vegetales y frutas.

Cuando faltan nutrientes que comprometen la metilación, la producción de neurotransmisores se puede afectar generando alteraciones en el estado de ánimo y en consecuencia, generar ansiedad.

 

4. Tus pensamientos

Nuestros pensamientos juegan definitivamente un rol importantísimo en la aparición de la ansiedad y el estrés que le sumamos al estrés que ya supone el estilo de vida actual.

Los pensamientos y las palabras evocan sentimientos que conllevan a comportamientos que repercuten en nuestra salud. Luego, éstos nos afectan emocional, física y espiritualmente. Y el ciclo se repite…

Los pensamientos que tenemos repercuten de forma directa positiva o negativamente en nuestro organismo porque éste, interpreta esos pensamientos que causan estrés, ansiedad y miedo como situaciones en las que nos enfrentamos a peligros físicos. Como si un león te persiguiera aunque ese león sea un ‘simple’ pensamiento. (¿Recuerdas lo que explicamos de nuestro sistema de respuesta al estrés al principio del artículo? Es la misma situación)

De esta forma, también se afecta la bioquímica de nuestro cuerpo porque lo que genera un pensamiento que evoque emociones de miedo, tristeza, rencor u otras emociones negativas, también acaba estimulando nuestro sistema de respuesta al estrés y es cuando puede aparecer la ansiedad. 

Por eso es tan importante ser conscientes de nuestros pensamientos y de lo que estos pueden en nuestro cuerpo. A veces alimentamos pensamientos negativos de forma automática, sin darnos cuenta y permitimos que se queden rondando en nuestra mente mucho más tiempo de lo que deberían. 

Haz el ejercicio de ser consciente de tus pensamientos ¿Qué cosas te dices a ti mism@ constantemente? ¿Sueles ver primero las cosas negativas en las situaciones antes que las positivas? ¿Qué tal si ves las adversidades como oportunidades para mostrar las fortalezas de tu carácter? ¿Y si empiezas a reconocer las cosas maravillosas que has alcanzado? ¿Qué tal si reflexionas en las cosas por las que sientes profunda gratitud? ¿Qué tal si te concentras en los pasos pequeños que das a diario en vez de concentrarte en el camino que falta por recorrer?

Hay muchas formas en las que podemos empezar a priorizar los pensamientos positivos a través del amor, la gratitud, la paciencia y la compasión. Todas estas preguntas que te dejé arriba, pueden sonar bastante cliché, pero vale toda tranquilidad y felicidad (no la pena) hacer el ejercicio de reflexionar en ellas y responderlas.

 

La ansiedad ya ves que puede tener muchas aristas y desde cada una de ellas, podemos estar alimentándola en cierto grado. Así que tómate el tiempo de reflexionar en ellas. Aún mejor, si lo haces de la mano de un médico funcional.

Lo cierto es que siempre hay cosas y herramientas que puedes utilizar tu mism@ y que te ayudarán a combatir la ansiedad de forma efectiva ya que nuestro estilo de vida, puede ser un promotor de ella.

Hay cosas que están en nuestras manos y podemos hacer hoy. Por eso te invito a que leas este artículo ‘¿Cómo combatir la ansiedad de forma natural?‘ donde te doy estrategias prácticas para combatirla.

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